Ciclo BP: “Siempre Listos” Parte 1.

Otro domingo más continuamos con el ciclo de Baden-Powell. Una vez repasada su vida en la publicación de la semana pasada hoy os traemos la primera parte de esta entrevista que tuvo lugar en el año 1937 para la revista “listener”.
Baden Powell dibujo En ella BP nos habla, sobre todo, del origen del escultismo, además de contarnos diversas anécdotas de su vida.

“De hecho, yo no inicié el Movimiento Scout, este estaba ya floreciendo sin que nos diésemos cuenta.

Todo empezó en 1908, pero el microbio del escultismo se había inoculado en mí mucho tiempo antes. Cuando era niño en Charterhouse me divertía mucho atrapando conejos en los bosques que se encontraban fuera de los límites del colegio. Si atrapaba uno, lo que no pasaba muy a menudo, le quitaba la piel, lo cocinaba y me lo comía. Y me sentía vivo.

Haciendo esto aprendí a arrastrarme silenciosamente, a guiarme por los puntos de referencia del paisaje, a descubrir huellas e interpretar sus significados, a usar las ramas secas que seguían en los árboles, y que aún no habían caído al suelo, para hacer mis hogueras, a hacer pequeñas fogatas sin humo para no delatarme ante profesores entrometidos. En caso de que alguno de estos se acercara demasiado tenía lista tierra para apagar el fuego y esconder el rastro mientras me camuflaba trepando a algún árbol fuera del campo de visión de un  investigador promedio.

En algún momento sobre 1893 comencé a enseñar Escultismo a soldados jóvenes en mi regimiento. Cuando estos reclutas entraban en la Armada habían aprendido a leer, escribir, y a hacer aritmética en la escuela pero, como norma general, no mucho más. Eran buenos muchachos y hacían muy bien de soldados de desfile, obedecían ordenes, se mantenían limpios y avispados y todo eso, pero nunca habían sido enseñados a cómo ser hombres, cómo cuidar de sí mismos, cómo tomar responsabilidades, etc. No habían tenido mis oportunidades de educación fuera de las clases.

Habían sido educados como rebaño en la escuela, habían sido entrenados como rebaño en la Armada; Simplemente hacían lo que se les mandaba y no tenían ideas ni iniciativa propias. En el combate seguían las ordenes, pero si su oficial era tiroteado quedaban indefensos como un rebaño de ovejas. Dile a uno de ellos que salga solo a entregar un mensaje en una noche oscura y apuesto diez a uno a que acabaría perdido.

Yo quería hacerles sentir que eran rival para cualquier enemigo, que eran capaces de guiarse por medio de las estrellas o de un mapa, quería acostumbrarlos a descubrir todas las huellas y a interpretar su significado, y a ser capaces de arreglárselas solos lejos de las cocinas y los barracones del regimiento. Quería que fueran valientes, por la confianza en sí mismos y por un sentido del deber; Quería que supieran cocinar su propia comida. Dicho en pocas palabras, quería que cada hombre fuera eficiente, íntegro y de cofianza.

El esquema funcionó.

A los hombres les encantó el entrenamiento y el Escultismo se volvió muy popular en el regimiento.

En 1899 escribí un pequeño libro para soldados llamado “ayudas para el escultismo”. Les enseñaba a observar, a rastrear, a deducir, o a cómo leer la información dejada en las huellas.

Como ejemplo de observación y deducción, les contaba como mi bicicleta había sido robada una noche en la India y cómo la rastreé  y descubrí al ladrón. Cuando empezó a amanecer seguí las huellas de la bici a lo largo de una carretera, cosa nada fácil de hacer si miras directamente hacia abajo, pero si miras la superficie de la carretera hacia el alba uno puede ver claramente las huellas por el rocío condensado en el suelo.

El ladrón había llevado la bicicleta a rastras porque la rueda delantera estaba bloqueada, y obviamente no sabía como desbloquearla. Las huellas de los pasos de al lado eran claramente de las botas de un soldado, no de las sandalias de un indígena. Observé que pasaba de largo del camino que conducía a los barracones de caballería, por lo que deduje que no se trataba de un soldado de caballería; de forma similar pasó de largo de los barracones de infantería, pero cuando llegó al camino hacia artillería lo cogió,  encaminándose hacia los barracones. Así que solo tuve que decirle al asistente del comandante del regimiento de Artillería que creía que uno de sus hombres se había apoderado de una bicicleta muy bonita con la llanta delantera bloqueada, y en un periodo muy corto de tiempo mi bicicleta me había sido devuelta, habiendo sido encontrada escondida bajo  la cama de uno de los hombres.

Este es un incidente de tantos en el libro, para mostrar el valor de la observación y la deducción. Cuando estuvimos sitiados en Mafeking, en 1900, mi jefe del estado mayor, Lord Edward Cecil,  juntó  a un grupo de niños y los reclutó en el Cuerpo de Cadetes para llevar órdenes y mensajes, actuar como ordenanzas y cosas por el estilo, ocupando el lugar de los soldados, que pudieron ser liberados de estas tareas para ir y reforzar la línea de fuego.

Descubrimos entonces que los niños, cuando se confiaba en ellos, eran tan capaces y de tanta confianza como los hombres.

Asimismo, por la experiencia con la Brigada de Muchachos, me di cuenta de que los hombres podían ofrecerse voluntariamente para sacrificar tiempo y energía para entrenar niños. Además, mi idea de que el Escultismo podría ser algo educativo se reforzó con el siguiente acontecimiento.  El general Lord Allenby cabalgaba hacia su casa después de un día de campo cuando su hijo pequeño le gritó “Padre, te he disparado, no eres ni medio Scout. Un Scout mira tanto hacia arriba como a su alrededor. Tu nunca me viste.” Allí estaba el niño, sentado en la copa de un arbol, y por encima de el, cerca de la zona más alta del arbol, estaba su nueva institutriz. “Por todos los santos, ¿Que estáis haciendo ahí arriba?” gritó el General “Oh, le estoy enseñando Escultismo al muchacho”, dijo ella. La institutriz había sido educada en el colegio para profesores Miss Charlotte Mason, en el que habían estado usando mi libro, Ayudas para el Escultismo, escrito para soldados, como libro de texto en el arte de la educación de niños.

Entonces, en 1907, como General, estaba pasando revista a 7.000 muchachos de la Boys’ Brigade en Glasgow (una organización juvenil cristiana) en su vigésimo aniversario, y el fundador, Sir William Smith, estaba muy contento porque su movimiento había alcanzado 54.000 personas. Yo admití que se trataba de un gran número pero añadí que si el entrenamiento fuera realmente atractivo para los niños entonces debería de haber diez veces ese número. “¿Cómo lo haría atractivo?” me preguntó. “Bueno, mire a los jóvenes de caballería, cómo disfrutan del juego del Escultismo, que los convierte en verdaderos hombres  y buenos soldados” “¿Podrías re-escribir Ayudas para el Escultismo?” se preguntó,  “De forma que fuera interesante para los niños en vez de para los soldados y convertirlos en hombres verdaderos y buenos ciudadanos?” Así que lo hice.

Pero antes de escribir el libro planteé la idea y la probé. Reuní a veinte niños de toda clase, algunos de Eont y Harrow, otros del East End de Londres, a varios campesinos, y a algunos tenderos, y los junté como ciruelas en una tarta para  vivir juntos en un campamento. Quería ver cuanto podía llegar a interesar la idea a diferentes tipos de muchachos…”

Hasta aquí la primera parte. El próximo domingo continuaremos con la segunda y última parte de esta entrevista. ¡Os esperamos!

Traducido por Rodrigo Manzaneque Sánchez para Grupo Scout Siles 361

Bibliografía:

http://www.pinetreeweb.com/bp-listener.htm

 

Imágenes obtenidas de:

http://www.scouting-archives.org.uk/

http://gruposcoutguarani.weebly.com/escultismo-para-muchachos.html

http://www.antiquarianauctions.com/lots/aids-to-scouting-for-ncos-men

http://www.wrightwoodcalif.com/forum/index.php?topic=15157.0

 

 

 

 

 

Acerca de Roxo

Nacido en Ciudad Real en 1992, scout de corazón desde los 11 años. Actualmente ando perdido, estudiando odontología en Huesca.
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